La construcción con tierra, una tecnología posible para el hábitat


Nota por: Por Rodolfo Rotondaro* y Juan Carlos Patrone**

La tierra cruda es un excelente material utilizado en la construcción del hábitat en todas partes del mundo desde los inicios de la humanidad. Hay evidencias físicas en pie y registros que dan testimonio de construcciones de adobe y barro de miles de años edad, entre las cuales la ciudad de Jericó (Israel) y la aldea Katal Hüyuk (Turquía) son interesantes ejemplos. En Argentina y en el resto de América existen antecedentes que superan los mil años y testimonios significativos de adobe, como las ciudadelas de la cultura Chimú en Chan Chan (Perú) y la tapia reforzada de Joya de Cerén (El Salvador). En nuestro país, todas las culturas prehispánicas que lo habitaron emplearon la tierra cruda para construir su hábitat, asociada a otros materiales naturales, con diferencias acordes a cada región. Sobre la herencia de arquitecturas y técnicas vernáculas, durante el período colonial como en el contemporáneo, se sumaron cambios e innovaciones que generaron el panorama actual. En la Argentina de hoy existen tanto arquitecturas de tierra vernáculas, así como contemporáneas, rurales y urbanas, y más de 50 años de estudio, registro, investigación e intervención en distintas regiones. Las obras incluyen a barrios de vivienda FONAVI, edificios de servicios (salones comunitarios, centros culturales, museos, puestos de salud, oficinas, depósitos, escuelas), edificios para el turismo (cabañas, posadas, hoteles, iglesias), viviendas particulares y numerosos casos de preservación del patrimonio edificado en tierra (que supera el 60% en regiones como Noroeste y Cuyo).

A este panorama se le suma una cantidad sustancial de proyectos de I D nacionales e internacionales que han producido no sólo obras sino conocimiento científico y tecnológico. En la universidad pública argentina también se produce cada vez más conocimiento en el tema, aunque aún esté focalizado en Tucumán, Santa Fe, San Juan y Buenos Aires. Paralelamente, persisten los tabúes y condicionantes ideológicos: “el barro no resiste”, “el barro trae vinchucas”, “el barro es para los pobres”. El avance del conocimiento científico-tecnológico permite a nivel mundial ponerlos en duda. En cuanto a las resistencias físico-mecánicas de componentes y elementos constructivos existen ensayos y normas elaborados luego de décadas de investigación, de países como Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Alemania, Francia, España, Perú y Brasil. El Proyecto 6 del Programa Ciencia y Tecnología para Iberoamérica (CYTED) y la actual Red PROTERRA han producido avances en la normalización de protocolos de ensayo, bloques de adobes y de tierra comprimida (BTC), muro de adobe, muro de tapia, con y sin refuerzos. La Pontificia Universidad Católica del Perú trabaja el tema sismorresistencia y tierra cruda desde hace 40 años y ha producido importantes avances con el ensayo de prototipos en mesa vibratoria.


El barrio de Susques en Jujuy, un ejemplo de construcción con tierra.

El barrio de Susques en Jujuy, un ejemplo de construcción con tierra.

 

Ahora bien, la otra cara del asunto es que la tierra cruda tiene resistencias despreciables a esfuerzos de corte y tracción; resiste sobre todo los esfuerzos de compresión. Habrá que considerar que un buen adobe puede resistir 1,6 MPa de resistencia a compresión axial y que un buen BTC o una buena tapia, con densidades de 1800 kg/m3 o más, pueden obtener más de 6 MPa, superando lo que exige la normativa IRAM. La capacidad resistente a la compresión de los muros construidos con este material es comparable a la de la mampostería de ladrillos comunes, pero la resistencia a los esfuerzos de corte y flexión son menores. Las estructuras construidas con tierra tanto monolítica como de mamposterías, deben ser pensadas para trabajar a compresión, a excepción de los entramados, en los cuales la tierra es relleno y terminación y no trabaja como soporte estructural.

Con respecto a la relación entre el barro y el Mal de Chagas, hay que separar el material de la endemia: el barro o el adobe no causan ni favorecen la enfermedad, sí la presencia de huecos y calor en paredes y techos. Hay vinchucas en casas de tierra pero también en las de ladrillo y bloque de hormigón. El Mal de Chagas tiene una complejidad cultural que excede al material de construcción y la arquitectura, aunque también es necesario considerar que las paredes de adobe, palo a pique y quincha y los techos de enramada facilitan los huecos donde se instala todo tipo de insectos. Hay otro tabú, esta vez en favor del material, acerca de que cualquier construcción de tierra cruda es “sostenible” por el solo hecho que está construida con tierra. Esta idea es desacertada y un tanto peligrosa: una pared de tierra de 20 cm de espesor en la precordillera o en el Chaco no aislará lo suficiente del frío o del calor, así como una construcción sin refuerzos ni simetría de cargas (entre otras cosas) en zona sísmica podrá ser el causante de la muerte de personas.

Entre las ventajas están las características de su capacidad térmica de aislamiento como de inercia, que dependen de la densidad del material; el intercambio higrométrico con su ambiente; la posibilidad de reciclarse; y la poca energía de producción que necesita. Estos aspectos hacen que este material genere menos contaminación ambiental y sea considerado adecuado para un hábitat sostenible, comparado con otros materiales industrializados. Hay países donde se comercializan suelos embolsados para revoques (Portugal), adobes industrializados para tabiques interiores (Inglaterra), o adobes industrializados (Estados Unidos).

Acorde a las dimensiones expuestas, el desafío en Argentina es convertir la tierra cruda en una opción para la producción social del hábitat y para la intervención estatal en el hábitat social. La opción debería contemplar los rasgos que hacen de la tierra cruda un material apto en la arquitectura, considerando ventajas y limitaciones, y debería estar respaldada por diseños adaptados a cada región y destino, con las etapas de certificación y normalización que falta realizar. La “casa linda de barro” debe estar respaldada por conocimiento científico necesario y por las reglas del “buen arte de construir”, realizando controles de calidad de manera responsable. Sino, corremos el riesgo de perder la posibilidad de mejorar el déficit habitacional con parte de las tecnologías originarias y que ya tienen sustento científico-tecnológico.

Más información
www.terrabaires.com

*Arquitecto, FAU UNMdP, Máster CRATerre/UPAG. Investigador Independiente del CONICET en la UBA. Dirige el Programa ARCONTI (Arquitectura y Construcción con Tierra (ARCONTI).

**Arquitecto, FADU UBA. Investigador del Centro de Investigación Hábitat y Energía, CIHE-FADU-UBA. Director del centro “terrabaires”.

Contacto
Rodolfo Rotondaro
rotondarq@telecentro.com.ar

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