El día del trabajador


día del trabajadorEl 1º de mayo de 1890, convocados por el congreso fundacional de la II Internacional, trabajadores de varias naciones realizaron, simultáneamen-te, la primera jornada internacional de lucha de la clase obrera.

La fecha escogida estaba cargada de simbolismos. Hacía exactamente cuatro años que en Estados Unidos unos 200.000 trabajadores habían obte-nido la reducción de la jornada laboral a 8 horas, tras la realización de una exitosa huelga general.

Pero la audacia de los pioneros implicó sus víctimas. Una provocación policial y jurídica llevó al estrado a 8 trabajadores anarquistas –dos norte-americanos y seis extranjeros– que, acusados de atentar contra las leyes nacionales, fueron condenados a la prisión y a la horca. Los “Mártires de Chicago”, como se los conoce universalmente, se convirtieron en el princi-pal emblema del 1º de mayo.

En la Argentina, el extendido movimiento huelguístico desarrollado en-tre 1888 y 1889 creó las condiciones para que la protesta obrera superara las barreras del sindicato y la nacionalidad –rasgos característicos de los primeros años de la organización obrera– para adquirir una clara identi-dad de clase.

La convocatoria del 1º de mayo fue recogida por un entusiasta grupo de emigrados socialistas alemanes, agrupados en el Club Vorwarts (Adelante), quienes comprometieron la presencia de los militantes anarquistas locales. Así, unos 3.000 trabajadores se congregaron en el antiguo Prado Español, ubicado al final de la avenida de la República, para escuchar a vibrantes oradores que inflamaron a la concurrencia con discursos en castellano, es-pañol, italiano y alemán. Al finalizar los mismos, se aprobó un Manifiesto que invitaba a estrechar fuerzas para conquistar los derechos laborales. Actos similares se realizaron en Bahía Blanca, Rosario y Chivilcoy.

Aquel primer 1º de mayo no sólo aportó al fortalecimiento del movi-miento obrero internacional; también sentó las bases para el surgimiento de la primera Federación de Trabajadores de la República Argentina, la multiplicación de la sindicalización obrera y, en 1896, la constitución del Partido Socialista.

A pesar de los diversos intentos por desnaturalizar su origen combativo (fue declarado feriado público durante la presidencia de Marcelo T. de Al-vear y pasó a celebrarse como Fiesta del Trabajo, bajo el primer peronis-mo, cuando incluso se realizaba un certamen de belleza para elegir una Reina del Trabajo), el 1º de mayo se abre paso, empecinadamente, como una “Jornada de rebelión y no de descanso”, como rezaba una proclama que circuló por aquellos días iniciales.

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